"Hace un tiempo, Felipe Calderón criticó a los críticos y convocó a hablar bien de México: "Hablar bien de México, de las ventajas que México tiene... es la manera de construir, precisamente, el futuro del país" (....).Ante ello, quisiera pedirte -lector o lectora- que hagas exactamente lo contrario a lo que el presidente exige. Quisiera recordarte que el estoicismo, la resignación, la complicidad, el silencio y la impasibilidad de tantos explican por qué un país tan majestuoso como México ha sido tan mal gobernado (...)
El oficio de ser un buen ciudadano parte del compromiso de vivir anclado en la indignación permanente: criticando, proponiendo, sacudiendo. De alzar la vara de medición. De convertirte en autor de un lenguaje que intenta decirle la verdad al poder. Porque hay pocas cosas peores -como lo advertía Martin Luther King- que el apabullante silencio de la gente buena. Hay pocas cosas tan trágicas como la muerte de la fe que los seres humanos tienen en sí mismos y en su capacidad de dirigir su propio futuro. Ser ciudadano requiere entender que la obligación intelectual mayor es rendirle tributo a tu país a través de la crítica":
Denise Dresser en El país de uno.

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