domingo 17 de febrero de 2008

Ella se llama Valeria Gastaldi y hasta hace unos pocos días era para mí una completa desconocida. De hecho, más o menos lo sigue siendo. Sé que es una joven cantante argentina. Sé sobre todo que interpreta una canción llamada "Inventario".
*
El tema me ha gustado porque su texto se aleja de los tópicos del desamor y abandono (y qué grandes canciones han parido esos tópicos, lo mismo que pésimas) que inundan la radio de mi ciudad. Pero en especial me ha gustado porque habla de un asunto que me atrae sobremanera: la pérdida de los recuerdos.
*
Ya lo había pensando muchas veces: por más intenso que haya sido un momento, por más determinante, por más entrañable, otros momentos se superpondrán a él y acabarán por aniquilarlo. Nuestra memoria no da para tanto.
*
Me he sorprendido reconstruyendo con dificultad ciertos momentos ahora remotos, con la espantosa sospecha de que si no los escribo se perderán para siempre. Pero la cosa no es solo de escribir: es harto difícil dar cuenta de las emociones que tal recuerdo nos provocaba.
*
¿Acaso estoy condenado, estamos condenados a acabar como los habitantes de Macondo, quienes ante la fiebre del olvido pusieron letreros a los animales y cosas para no olvidar sus nombres; pero que, pasado un tiempo, olvidaron incluso las grafías, de modo que los letreros se volvían de una inutilidad ominosa?
*
De todos modos, y aun no siendo la solución definitiva, escribir los recuerdos más queridos ayuda, al volver a ellos, a reconstruir al menos parte de esas emociones agarradas a hilachos breves e inconstantes.
*
Por eso es que me gustan tanto las cartas.
*
Del mismo modo que tengo mi colección de libros, de canciones; del mismo modo que ahora hago mi colección de películas, tengo mi colección de cartas. Todas ellas son cartas escritas por otros y dirigidas a otros: ellos y ellas, quienes las escribieron, y los muchos otros que era yo en esos momentos.
*
Este 14 de febrero recibí una carta.

3 comentarios:

Josué Barrera dijo...

¿Tendrás una foto de cuerpo entero? Hablo de ella, por supuesto.

la granota dijo...

Te entiendo. Pero te aseguro que, aún escribiéndolos, los recuerdos tienen vida propia y se transforman o desaparecen a su antojo. Releyendo diarios viejos me alucinan las diferencias entre lo que recuerdo como real y lo que escribí en su momento.
Me alegro de leerte, nos tenías abandonados.

Javier Munguía dijo...

Joso: no tengo.
Granota: sí, de algún modo tienen vida propia los recuerdos, y a veces dan agradables sorpresas con sus retornos. Abrazo.

Publicar un comentario en la entrada